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Breve reflexión sobre el método científico de la ciencia económica

diciembre 9, 2013

En esta ocasión me animo a postear una entrada algo más informal. Se ha iniciado una discusión en la red con motivo de la publicación de un libro que, según reza su subtítulo, nace con la intención de criticar las supuestas “falacias económicas imperantes” (desconozco si el autor pretende desmontarlas todas o si su propósito es más humilde). De entre todos los reproches que este señor hace, el que ha motivado el inicio de la discusión es la diatriba que lanza contra la Escuela Austríaca de Economía en bloque [1]. El economista que protagoniza la réplica se llama Juan Ramón Rallo (no será la última vez que hable de él, tenedlo por seguro) y el autor del libro es otro economista y profesor de la Universidad Carlos III, José Luis Ferreira, que parece decidido a extender su contraréplica a lo largo de varias nuevas entradas en su blog. A la espera de la respuesta que le dé Juan Ramón —que parece querer esperar a que Ferreira termine su serie de posts para responder a todo de una vez— yo me he animado a introducir una observación en los comentarios de la página de este último, que considero lo suficientemente interesante como para pasarlo a mi blog (aquí omito los párrafos introductorios y finales, que sólo encuentran su sentido pleno en el contexto de la página en la que inserto mi crítica):

Sólo haré un comentario sobre sus inquietudes respecto al método austríaco. Los austríacos buscamos resaltar los problemas que conlleva la utilización, en el ámbito de las ciencias sociales, del método científico propio de las ciencias naturales y físicas. Cuando se matematizan en exceso los planteamientos económicos se corre el riesgo de llegar a conclusiones aparentemente válidas, pero condenadas al fracaso más estrepitoso; el caso de la planificación centralizada en el comunismo es paradigmático: sobre el papel salían las cuentas, pero después se daban de bruces con la realidad (por los motivos que usted mismo reconoce que los austríacos descubrieron, imposibilidad de gestión de forma centralizada de información esencialmente desagregada). El problema de la minusvaloración de la importancia que merece el lenguaje natural en economía es que se habilita a las matemáticas a llevarnos a los absurdos más insospechados, que encajan perfectamente en el modelo formalizado pero que no tienen ningún sentido una vez que se intenta dar un encaje del mismo con la realidad. Los austríacos defendemos el uso del lenguaje natural (junto a otras consideraciones) como principal herramienta de elaboración de toda ciencia social (Derecho, Economía, Política, Ética, Psicología,…), por estimar que el lenguaje formalizado propio de las matemáticas es apto para referirse a realidades esencialmente inmutables o que responden a leyes fijas (ciencias naturales y físicas), pero no para la construcción de cualquier ciencia que se refiera al estudio de algún aspecto de la acción humana (ciencia social), que es esencialmente dinámica (no atrapable en los modelos estáticos de las matemáticas formales).

Ahora bien, eso no quiere decir que las matemáticas no tengan alguna utilidad en la economía. Los precios son expresiones que, manifestadas de forma numérica, facilitan enormemente el cálculo económico. Eso no lo niega ningún austríaco. Es evidente que las matemáticas tienen algo que decir en ese aspecto, pero eso no justifica todos los excesos que desde la “ciencia económica” se han cometido a la hora de desarrollar el método científico de la economía.

Por último, es cierto que es posible, como dices, expresar (aunque perdiendo algún matiz, supongo, por la ya mencionada limitación de las matemáticas) los postulados de la escuela austríaca con las gráficas y fórmulas que tanto os gustan a los no austríacos, y que yo sepa (y tú pareces mencionar) hay algunos que están en ello. Sin embargo, eso no supone reconocer que el método austríaco es anticientífico y que claudicamos ante la superioridad del mainstream, sino simplemente que nos esforzamos por tratar de convencer a gente que, como usted, se acerca a los aportes de la escuela austríaca cargada de prejuicios.

[1]  En otra ocasión, me gustaría hacer alguna referencia más en extenso a las aportaciones que esta escuela ha hecho en el ámbito del pensamiento económico (y otras áreas), pues considero que su conocimiento es fundamental para entender lo más mínimo fenómenos sociales, económicos, políticos, etc. tan complejos como intrigantes, como pueda ser la crisis que padecemos desde 2007 .

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